martes, 5 de mayo de 2009

Viaje al sur

Esta última semana me he llevado el trabajo al sur de España. Mi idea era aislarme aún más de todo durante un tiempo para terminar de escribir sin interrupciones mi nuevo guión. Así que mi ordenador y yo nos trasladamos a un dúplex bastante antiguo pero apacible en la costa de Cádiz. Ya sabéis que esos lugares, al igual que cualquier hotel o apartamento de playa, son el hábitat natural de los mosquitos más grandes del país. Lo digo porque esos malditos siempre me acribillan.



Mi habitación tenía unas estupendas vistas al mar y por lo menos me servía para dormir (o casi), que era lo importante, aquello debía ser lo único bueno, porque como he dicho, el dúplex tenía ya sus años y no todo funcionaba a la perfección. Por 30 euros la noche tampoco me podía quejar demasiado, a pesar de sufrir enormes y casi estrepitosas consecuencias. Para empezar, siempre que abría una puerta, me quedaba con el pomo en la mano, lo mismo pasaba con las anillas de los cajones y en general con cualquier cosa que se abriera y cerrara, pero desde luego, nada comparable a lo que me pasó el primer día, y os aseguro que todo esto es completamente verídico. A veces me pregunto por qué siempre me pasan a mí este tipo de cosas, pero en fin.

Yo salía de casa cerrando la puerta con llave cuando al sacarla, me quedé con la cerradura en la mano. Instintivamente, volví a colocarla en su sitio, y presionando con mi mano, volví a sacar mis llaves, ahora la cerradura permanecía donde le correspondía, metí la llave de nuevo para probar si funcionaba, pero no giraba hacia ninguna parte, intenté sacar la llave de nuevo, pero no salía, intenté abrir la puerta, pero no había forma, tiré con todas mis fuerzas, y me cargué los muelles de la cerradura. Había conseguido extraer las llaves, pero ahora era imposible abrir la puerta.

En este tipo de situaciones, lo más lógico sería perder los papeles y acojonarse, pero si algo me caracteriza a mí es la serenidad, así que no pude más que dejar caer una pequeña sonrisa de incredulidad. Ahí estaba yo, en un pueblecito que jamás había pisado, donde no conocía a nadie, sin casa y sin dinero.
Me quedé sentado en la calle alrededor de media hora, pensando qué demonios hacer, después me levanté y caminé hasta la parte trasera del dúplex, miré a ver si por casualidad me había dejado la ventana abierta, pero no hubo suerte, de todos modos intenté abrirla a la fuerza como el mejor de los ladrones, hasta que en un golpe de suerte, logré desencajarla y pude entrar. Volví a montar la ventana en su sitio, sin cerrarla del todo ahora ya podía salir de casa sin temor a quedarme fuera.

La ventana de atrás se convertiría en mi entrada durante toda la semana, y menos mal que ningún vecino avisó a la policía, porque viéndome entrar a oscuras por allí todas las noches, cualquiera podría haber pensado que yo era un caco.
Conciliar el sueño tampoco era moco de pavo, los del dúplex de arriba eran hippiemúsicos, y tenían la fea costumbre de ponerse a tocar sus timbales a altas horas de la madrugada.
En cuanto a la escritura del guión, tampoco avanzaba tanto como quería, y la tentación de tener la Feria de Abril en Sevilla a escasos kilómetros era demasiado fuerte, por lo que no me pude resistir a pasar allí un fugaz día entre rebujitos, pescaítos y sevillanas.

Con la llegada del final de la semana y del puente de Mayo, la temperatura y la ocupación de los apartamentos subieron considerablemente. Las playas estaban a rebosar de gente y los restaurantes absolutamente desbordados. Evidentemente existe una crisis económica, nadie lo duda, pero imágenes como ésa me hacían replantearme una y otra vez si la situación estaba afectando verdaderamente a la población. Mi conclusión es que existe este problema, la gente se queja, pero personalmente la mayoría no lo nota tanto, al menos de momento.



El sol comenzaba a picar con fuerza, mi colorada nariz lo puede corroborar, y teniendo la playa justo delante, de nuevo la escritura quedaba relegada. Recuerdo que el chapuzón más tempranero que me he dado nunca en una playa fue un 4 de Abril en mi querida Salou. La semana pasada estuve cerca de esa marca. De todos modos, por alguna razón, la playa, la arena, la gente caminando semidesnuda por la calle y todo ese ambiente en general, me pone de mal humor, me desespera. En ocasiones, dependiendo del lugar y de las chicas en biquini, me relaja, pero donde esté una gran ciudad para perderse que me quiten lo bailao. Eso sí, tomarse una cañita fresca en el chiringuito acompañado de unas buenas gambas blancas de Huelva escuchando a Juan Luis Guerra no tiene precio. Así que si algún día deciden quitar los chiringuitos, me temo que jamás volveré a una playa.

El sábado era el día del Partido de fútbol con mayúsculas: Real Madrid - Barcelona, y un culé como yo no podía perderse la cita de ninguna manera. Había sido un mal día porque mi equipo del alma, el Rayo, se había descolgado un poco en su lucha por el ascenso a Primera División, pero todavía me quedaba el Barça, el equipo de mis amores. Me habían recomendado un bar con pantalla gigante donde verlo. Cinco minutos antes del inicio del partido, la señal de la televisión parecía haber muerto, así que toda la gente que había allí se fue nerviosa y con prisas en busca de otro bar. De repente, alguien gritó que la señal había vuelto, y todos volvieron corriendo en estampida para coger el mejor sitio. El resto sobre el partido ya lo conocéis, pasó lo que tenía que pasar, y con tal recital de fútbol, la cerveza se acabó incluso antes de la primera parte de la contienda. Puro orgasmo futbolístico, como dice Luis Enrique.



Después entré en una yogurtería a por un helado de leche merengada. Me cobraron casi 4 euros por la tarrina pequeña. Como no me lo podía creer, le pregunté de nuevo a la chica que cuánto le debía. Creo que me lo confirmó un par de veces, y joder, el helado estaba francamente bueno, pero me dejo tiritando, y no precisamente de frío. Aún guardo el ticket de recuerdo.

En este tiempo también pude disfrutar de tres películas enormes que me había dejado en el tintero: 'Gran Torino', 'The Visitor' y 'Déjame Entrar', esta última todo un descubrimiento. Terminé de ver la segunda temporada de 'The Wire', una de mis series favoritas junto 'A dos metros bajo tierra', 'Twin Peaks' y 'Seinfeld', aunque sé que tengo que empezar a ver 'Mad Men'.

El domingo hice una última visita al chiringuito de la playa, y antes de comenzar la vuelta a casa comí en el mismo restaurante de todos los días. Ya incluso me había hecho amigo de las camareras, algo no muy difícil porque en el trato al cliente rebosaban amabilidad y alegría, y eso es lo que gana las propinas, aunque yo estuviera pelado.

Al iniciar el trayecto de vuelta por carretera fui poco previsor y me topé con cientos de motos que salían del circuito de Jerez tras asistir al Gran Premio de motociclismo de España. Probablemente nunca he visto tantas motos juntas de gran cilindrada en una autovía, todo un espectáculo a pesar de la caravana. Ellos iban tan campantes con esos monos como si nada, estirando las piernas de vez en cuando, pero lo cierto es que según el termómetro del coche, estábamos a 34 grados centígrados, y sólo de verlos, a mí me entraba más calor todavía. Por lo demás, el viaje fue bastante tranquilo, le tuve que enseñar el dedo a un gilipollas que no sé dónde consiguió su carné de conducir, una kawasaki me adelantó por la derecha a unos 200 kilómetros por hora y volvió a meterse a la izquierda entre dos coches, y un pobre pájaro se estrelló contra el parabrisas propinándome un susto de muerte.

3 comentarios:

Rosalía dijo...

Yo también estuve en Cádiz este finde, concretamente en San Fernando. Para quitarme de tanta bulla en la feria!!! Y tú queriendo ir... Pero yo no pude pisar la playa por el levante que hacía!!!!

Y las motos no me pillaron, salí de vuelta antes de que empezara la carrera.

Por cierto, "Gran Torino" me encantó!

Víctor M. dijo...

Sí, hacía bastante viento, de hecho vi cómo una sombrilla salía volando y estuvo a punto de trinchar a una señora como si de un pincho moruno se tratara, pero yo estaba asado, de todas formas mi baño no duró más de 5 minutos. El agua todavía estaba fría.

Lo de subir a la feria fue más que nada para ver el ambiente. Había estado antes en Sevilla, pero nunca en la feria.

Rosalía dijo...

La feria está muy bien, pero te aconsejo -para otro año- q, si puedes, bajes antes del finde, pq después se pone imposible pa' andar por el real y pa' estar en las casetas medio a gusto.