
Sin embargo, mi opinión sobre Rohmer y su cine es clara. Le adoro. Tras Truffaut, es con diferencia el autor que más me gusta de la Nouvelle Vague y la etapa posterior a ésta. No tengo preferencias en cuanto a los distintos periodos de su trabajo, muchos prefieren sus Cuentos Morales, otros las Comedias y Proverbios o los Cuentos de las Cuatro Estaciones, a mí me da igual. Admito que la primera vez que vi una película suya me costó bastante entrar en ella. Para disfrutar del cine de Rohmer hay que pasar por un proceso de adaptación que a veces es duro, y yo soy el primero en reconocerlo, pero una vez que has sido absorbido por su mundo, también reconozco que los placeres que me ha otorgado visionar su obra han sido impagables. Es cierto, puede que sus películas siempre sean la misma desde un punto de vista diferente, pero también siento que cada una cuenta algo en particular, porque dentro de ese mismo esquema, la ambición y la preocupación de los personajes es distinta.
La Coleccionista (1967)
Una de mis grandes fuentes de inspiración. La Coleccionista es con seguridad la que más me gusta de toda su obra. Por supuesto, esto no quiere decir que sea su mejor película, pero para mí, sentir plena empatía y compartir pensamiento con alguno de los personajes protagonistas de cualquier filme es algo que me supera, y aquí eso se cumple de una forma inimaginable con Adrien, el personaje que interpreta Patrick Bauchau, un coleccionista de antigüedades que se va a pasar unos días de relax a la casa de un amigo en el campo. Su intención es desconectar de todo lo que le rodea, pero en esa absoluta tranquilidad aparece la joven y sensual Haydee (Haydée Politoff), que cada noche viene acompañada por un chico distinto, turbando la relajación de Adrien, incapaz de resistirse a sus encantos.

Mi noche con Maud (1969)
El tercero de los Cuentos Morales y posiblemente su película más emblemática. Por este guión, Rohmer estuvo nominado al Oscar en dicha categoría. Es quizás demasiado espesa y filosófica, pero esa sensación se modera cuando comienzas a comprender los temas que los personajes están tratando. Está interpretada por el siempre creíble Jean-Louis Trintignant, un chico católico que se enamora de una chica que ve en la iglesia, pero que tiene que lidiar con la inseguridad de sus creencias al pasar una noche a solas con Maud (François Fabian), una guapa burguesa con la que pondrá a prueba sus principios morales. Me parece digno también resaltar un diálogo que suscribo al cien por cien: "las matemáticas sólo son un pasatiempo intelectual".

La rodilla de Claire (1970)
Es una de sus películas más populares en España, un prestigio que consiguió cuando se alzó con la Concha de Oro en el Festival de Cine de San Sebastián. Rodada en los maravillosos alrededores del Lago de Annecy, actúan Jean-Claude Brialy y Laurence de Monaghan, y nos cuenta la historia de Jerome, un hombre casado que intenta seducir a una joven llamada Claire, de quien se ha quedado fascinado y cuya obsesión es poderle tocar la rodilla. Una clara muestra de lo que es Rohmer y de lo erótico y sensual que puede llegar a ser su cine.

Pauline en la playa (1983)
Ganadora del Oso de Oro en Berlín, ésta es una película muy especial, puesto que representa el final de la colaboración entre Rohmer y el gran director de fotografía barcelonés Néstor Almendros, ganador de un Oscar por Días del Cielo de Terrence Malick, además de otras nominaciones (Kramer vs. Kramer, El lago azul, La decisión de Sophie).
De nuevo con la estructura famosa y personal del director francés, tenemos a Pauline (Amanda Langlet), una dulce chica de 15 años que va acompañada de su prima Marion para pasar unos días de vacaciones en la playa. Allí, Pauline conoce a Sylvain, un chico de su edad del que se enamora, y Marion se reencuentra con Pierre, un viejo amigo que todavía sigue enamorado de ésta, pero el sentimiento no es mutuo, ya que Marion se ha encaprichado de otro hombre llamado Henri. Toda una disección de lo complejas que pueden llegar a ser las relaciones amorosas. Es uno de los filmes de Rohmer que más gustan, de hecho, hasta existe un grupo de música español llamado Pauline en la playa en honor a ella.

El rayo verde (1986)
Una de las mejores películas de la etapa de Comedias y Proverbios. Tomando como título la famosa novela del escritor Julio Verne y contando con la soberbia participación de Marie Rivière, una de sus actrices fetiche, Rohmer nos habla esta vez de Delphine, una mujer solitaria e incomprendida en busca de su príncipe azul. Delphine viaja sola o en compañía para paliar su tristeza, el problema es que ella no es muy dada a relacionarse con la gente y tiene un particular modo de ver las cosas, tanto que en muchas ocasiones todo resulta bastante cómico dentro de la propia desesperanza de la protagonista.

Cuento de verano (1996)
Quizás tengo más en consideración Cuento de invierno o Cuento de otoño, pero prefiero señalar Cuento de verano como una de mis favoritas. ¿La razón? No lo sé, tal vez sea la nueva aparición de Amanda Langlet (la joven y dulce Pauline) ya convertida en toda una mujer, aunque aquí la protagonista no es ella, sino un jovencísimo Melvil Poupaud interpretando a Gaspard, un chico que llega al pequeño pueblo costero de Dinard (como siempre Rohmer y sus idílicas localizaciones) buscando a su novia Lena, pero una vez allí, Gaspard no consigue dar con ella, y durante su estancia se enamora de otras dos chicas, Margot y Solene.

No me olvido tampoco del resto de la filmografía con la que tanto me ha hecho disfrutar este admirable cineasta, Eric Rohmer, que a sus noventa años todavía sigue haciendo películas.
De todas formas y tras todo esto, siempre que alguien escribe algo acerca de lo que le agrada, también conviene recordar de vez en cuando las palabras que decía Patrick Bauchau en La Coleccionista: "mis gustos no tienen por qué ser buenos".












